Tus labios



Hoy te quiero hablar de tus labios. Sé que al vivir con ellos los conoces mejor que yo, pero estoy segura de que no los conoces ni los aprecias de la manera en que yo lo hago. Tus labios no son carmesí, aterciopelados ni con sabor a fruta madura. Tus labios son del color de mi corazón, tienen la textura de mis necesidades y sabores diversos: a veces saben a pasión y arrebato, a veces a tristeza y decepción, en otras ocasiones saben a hiel e indiferencia, pero en algunas ocasiones, la mayoría, para ser exactos, esos labios saben a dulzura, a tentaciones, a deseos compartidos, a adoración e incipientes contradicciones, a ternura e ironía, a incertidumbre y también a seguridades. Esos labios que viven contigo pero siempre están en mí.



Tus labios
siempre saben a mi amor.